¿Y si la vida es un experimento?, el experimento debería ser consciente.
Un día le pusimos mantequilla al pan y nos gustó, al otro día nos hizo daño.
Hay experimentos de experimentos, los buenos son los voluntarios, los conscientes, los que no pretenden algo, los que nos contradicen.
Les quiero contar que todas las mañanas antes de salir al trabajo me acicalo con lujo de detalles, tengo un espejo de medio cuerpo en el baño, a veces requiero pararme en el inodoro para verme de pies a cabeza y así estar seguro de cómo luzco, ya hecho el ritual, y sintiéndome vanidosamente bien, salgo a enfrentar la rutina diaria.
Ya en mi oficina recibo mi primera cita, era un vendedor ofreciendo un producto de esos que son solo imagen, el vendedor tiene una magnifica actitud, muestra lo mejor de sí y de su producto, yo lo tengo justo enfrente de mí. Me llama la atención que su cabello estaba despeinado, tal vez por el viento, la solapa del saco levantada y lo más destacado era que algo colgaba de su nariz, pero eso sí, su actitud seguía siendo la mejor, como si antes de salir de su casa hubiera realizado una rutina parecida a la mía y estaba en confianza absoluta con su imagen.
Al final decido aceptar, la verdad, el producto fue lo de menos, pero su confianza y actitud me llevo a comprarle.
Ya de noche y de regreso a mi apartamento, vuelvo al espejo y mi imagen ya no es la misma de la mañana, sin embargo, el día había sido bellamente productivo.
Recordé mi experiencia con el vendedor y su actitud, fue cuando se me ocurrió un experimento, no mirarme en el espejo por un determinado tiempo, pues me dije, más que la imagen es mi actitud, mi creencia, solo es proyectar lo bien que me siento y reflejarlo, les cuento que ha sido todo un éxito.
El experimento se extendió por meses, se extendió principalmente porque me preguntaba a diario, ¿y si vuelvo a ver mi imagen y no me gusta?
El tema de los miedos implantados por el sistema.
Un día me llene de coraje y después de meses, vi mi imagen en el espejo,
¿adivinen qué pasó?
