En nuestra condición de
seres humanos, debemos cambiar todo lo aprendido o impuesto por el sistema para
dejar de sufrir y así poder entrar a otros estados que nos armonicen, estados
que habitan en lo no lógico.
En mi niñez, justo un
par de años recién llegado al planeta y todavía con mi ADN, me fui poco a poco, o
mejor dicho, me fueron poco a poco domesticando (hasta donde pudieron), como
diría el maestro Manuel Ruiz.
Yo comía tierra plácidamente en el solar de la casa de mis abuelos, yo no me bañaba
y la mayoría de la tierra habitaba en mis pies, mi lugar preferido era el
solar donde habitaban árboles, cerezas, plantas, insectos, lombrices, hormigas, conejos,
ratones, viento, frío, calor, sombras y muchos juegos fantásticos y poderosos.
No había opción, había nacido aquí y estaba por adquirir todo un mundo de conocimiento y de experiencias, pero fue y no fue, me resistí a todo, no conscientemente, sino por elección natural, no quise estar atento a nada, ni a nadie, a ningún profesor, por lo tanto me convertí en ese chico inteligente que no se sabe que va ser de él, así fue como fui descubriendo cómo se siente la liviandad.
Sigo en construcción, sigo observando los colores de las montañas y cada cosa que pasa a mí alrededor, estoy cada vez más lejos del sistema y más cerca de mí.
Gracias
