Ya Platón, Aristóteles, San Agustín y Kant tenían hipótesis de lo que la mentira significaba; San Agustín decía lo siguiente: “Al veraz y al mentiroso no hay que juzgarles por la verdad o falsedad de las cosas en sí mismas, sino por la intención de su opinión”.
Mi idea de la mentira radica básicamente en el daño que te haces cuando la aceptas, lo pesada de la carga cuando vives con ella.
Cuando mentimos y nos entregamos a la mentira, aparecerá de inmediato el ego ayudándonos a ver a la mentira como verdad absoluta.
Ya creada la mentira, ella requiere ser diseñada al estilo película de Hollywood, para este momento ya somos el director de nuestra mentira, por lo tanto, vamos a necesitar un guion, con sus diálogos, escenas, secuencias, y una descripción minuciosa y pormenorizada de lo que los actores deben representar..
En este instante se me ocurre recrear los efectos de la “Mentira”, aprender de ella y sus consecuencias, decidí hace tres meses crearme una mentira y experimentar lo que es estar poseído por ella.
Así fue como cree una mentira totalmente mía, no de esas que se encuentran por todas partes, de esas que nos venden en cualquier esquina, de esas que los medios te ofrecen a través de la publicidad.
La idea era demostrarme que mis emociones y acciones están siendo influenciadas por un imaginario, por mis creaciones mentales, en este caso, por una mentira.
Mi mentira es una verdadera mentira, tal que se asemeja a un martillazo en un dedo, o un baño con agua fría.
La mentira que acabo de crear, parte de un supuesto, de hecho todos los supuestos son mentiras; mi mentira consiste en que me he dicho que “no voy a poder cumplir a cabalidad con una obligación contraída”.
Quiere decir que conscientemente, me decido a vivir algo inventado, así fue como llegada la noche me fui a dormir con mi mentira.
Mientras los días pasaban, les cuento que empecé a experimentar que la angustia crecía, que mi mentira me envolvía como un gran abrigo de invierno, ella gozaba atormentandome, diciéndome “no lo lograrás, no hay nada que hacer”.
Para ese momento yo ya soy mi mentira, aprovechó el estado al que me ha llevado mi mentira, sintiendo en detalle cada reacción de mi cuerpo: tengo taquicardia, el estómago se retuerce, no concilio el sueño, es como estar alcoholizado, no soy yo, me voy perdiendo en mi inconsciencia.
Siento a mi mentira colgada del cuello, casi se parece a mí exnovia (con todo respeto), me aprieta tanto que respiro con gran dificultad.
Mi mentira, en su monólogo me dice tantas cosas, que me hace indefenso para encontrar cualquier tipo de solución.
Ya llevo dos meses sosteniendo la mentira. Mi mente utiliza la mentira, para hacerme creer que viviré en angustia forever y no hay como cambiar este hecho; mientras tanto, en la vida real, veo a la verdad verdadera venir en lontananza, viene amorosa, conscientemente, fraternalmente a hacerme compañía.
Ya pasados casi tres meses, la mentira me acompaña absolutamente en todas mis actividades, aferrada a mí, como pesados grilletes.
Como esta obra teatral empieza a ser inmanejable, decido finalizar con el experimento, y así salvaguardar mi cuerpo y alma, entonces, miro a mi mentira y le digo: “tú eres mi creación, decido que a partir de este momento ya no existas más”.
Así fue como ya liberado de mi propia invención, cumplí con la vida y volví a mi estado de liviandad.
Ha sido un gran experimento que me reafirma que yo soy el principio y fin, que yo soy el creador y dueño de todo lo que pasa en mí.
Increíble que algo inventado por mí, pueda hacerme tanto daño, lo bonito de la experiencia es lo vivido en consciencia y la certeza de lo que soy.
El experimento requirió de la protección de mi Toroide y de mi Poqpo.
Gracias
Mentira: Alimento para el Ego




