La historia la nombrará y la recordará como la época del “coronavirus”, y nos pusieron en cuarentena, y nos confinaron con nuestros rencores y virtudes, y nos distanciaron, y nos permitieron salir si teníamos perro, y algunos seres humanos se hicieron más conscientes y otros quedaron como hormigas sin reina; mientras esto sucede, recordé mi experiencia con las hormigas.
Acabo de llegar a un lugar donde hay muchas de ellas, es un lugar donde la naturaleza es la reina y todo vive siendo lo que es, ya estoy extasiado.
Mi amigo y dueño me invita a recorrer su finca, es una finca principalmente cafetera, pero también hay sembrados de yuca, frutas y hermosas gallinas que andan libres.
Vamos caminando y me va diciendo que en este preciso momento la finca está siendo invadida por las hormigas y que se encuentra en la tarea de erradicarlas para proteger sus cultivos.
Mi amigo me dice que ellas, las hormigas, son capaces de dejar árboles totalmente desnudos en cuestión de un ya, la fuerza de estas hormigas es descomunal; también aprendí que bajo tierra tienen miles de canales que se comunican entre sí todos los hormigueros, ellos pueden extenderse por kilómetros.
Las hormigas son seres que me gusta observar, lo hago con mucho cariño, admiración, intriga, y respeto .
Ya son las 6:00 a.m. y me levanto con ese sentimiento curioso-investigador que me acelera la alegría, ¡voy a ver las hormigas!.
Ansioso en mi andar y en dirección a los hormigueros, alcanzó a escuchar que desde la cocina me gritan, “¡ya está el desayuno!”, y mi alma de inmediato le recuerda a mi cuerpo lo mágico del desayuno en esta finca, es que mi canal de comunicación cuerpo-alma está siempre activo, mi cuerpo se detiene y deja a las hormigas por un ratico, mi alma sabe que este desayuno tiene ingredientes que me mueven mis sentidos y emociones, todos los ingredientes provienen de la huerta de la finca, del gallinero, ¡que colores! ¡que sabores!, ¡que olores!, huevos acabados de poner, y como de costumbre y habiendo terminado esta ceremonia de alimentar mi cuerpo y alma, “lloré”, lloré de gozo, me siento en estado de gracia por tan sublimes alimentos, le doy mis agradecimientos y bendiciones a “Rosalbita”, la creadora; iluminado, continuo mi camino, salgo al encuentro y experiencia de hoy con las hormigas, pero ya me estoy imaginando y saboreando con la merienda de las 9:00 a.m. un delicioso café, arepa de maíz recién molido y queso, ¡ufff que rico!, yo no me imagino saltando algún momento asignado para comer.
Después de una caminata de 20 minutos llegó al lugar, veo varios hormigueros a mi alrededor, me detengo al lado del abuelo árbol, de seguro tiene cien o más años, es majestuoso, estoy parado y recostado contra el árbol, se me da fácil observar las entradas de los hormigueros y los caminos que conducen a ellos, veo como las hormigas llegan a las hojas de un pequeño árbol y las van cortando con perfección absoluta, son cortes circulares, veo cómo se las echan a cuestas, también puedo ver sus mandíbulas y tenazas, y ocurre algo sublime, puedo escuchar los pasos de las hormigas, las puedo oír caminando, son miles o ¿debería decir con seguridad que son millones?; al rato logró a medias hacerme consciente de la experiencia, la clave para vivir y sentir es no hacerse preguntas que no tienen respuestas; mientras tanto sigo oyendo sus pasos, gracias vida.
De las hormigas solo conozco lo que les estoy contando, solo soy un testigo, súbitamente y en cosa de segundos el cielo se tornó oscuro y la lluvia cubrió todo, corriendo me fui a la casa donde me esperaba ese café mágico preparado en estufa de leña.
¡Qué tormenta!, cae toda el agua guardada por meses de sequía, hermosos truenos, hermosos rayos, hermosa lluvia, me voy a buen paso para mi habitación y me cambio de ropa, ahora visto mi traje de baño, me dispongo disfrutar de la lluvia, es una costumbre que tengo, ¿será porque he vivido en lugares donde llueve a cántaros?, es realmente delicioso sentir como te cubre el agua de lluvia; el agua está fría, pero no tengo frío, qué alegría, y mientras tanto no dejo de pensar en lo que estará pasando con las hormigas.
Al día siguiente me levanto, ya son las 6:00 a.m. desayuno y lloro de nuevo.
Voy donde el abuelo árbol, todo fue arrasado, todo está inundado, me acerco a un hormiguero y veo que está totalmente destruido, muchas hormigas pero no tantas como ayer, siguen en su camino, continúan en su tarea, como si no fueran conscientes del desastre, tienen a cuestas las hojas recién cortadas; pero lo que yo veo es que están perdidas, algunas cerca del hormiguero, pero no logran encontrar la entrada y caminan en círculos, se chocan entre sí, algunas han descargado las hojas a mitad de camino, como creyendo que han llegado a su destino.
Continuará….


