Caminando por la selva con mis amigos indígenas, pude observar que mientras yo, un simple citadino, por cada temeroso paso que yo daba, ellos daban diez, su andar era fluido, alegre y preciso, sin temor.
Ellos solo me iban advirtiendo, guiando, enseñando, advirtiendo sobre la culebra, sobre aquellas espinas como puntillas que sobresalen de árboles caídos, cortinas de millones de insectos que debes atravesar a un buen paso, sentía que cada árbol y ser que habita la selva se daba cuenta de mi fragilidad.
Tarde tiempo en entender el poder indígena, la razón principal de mi tardanza insensible es ser un producto del sistema, ser un citadino.
Las ciudades están cubiertas en un 95% de cemento, de concreto, jardines y parques con vegetación cautiva, implantada por un sistema donde no permite la natural comunicación con nuestra naturaleza.
La razón del poder indígena radica en su comunicación con la naturaleza, porque ellos son naturaleza, ellos van descalzos y simplemente cada célula de su cuerpo está integrado con los árboles, viento, lluvia, animales, cuerpo, mente, la selva vive en ellos, los pájaros, las plantas y cada ser está en comunicación, en eterna conversación, todos en uno, uno en todos.
Los que habitamos las ciudades no tenemos esa comunicación, por eso nos es muy fácil tumbar árboles, rellenar humedales con contaminación, invadir montañas quitándoles la piel, su arena, sus vegetación, los campos de cultivo ahora son ciudadelas, por eso nos toca importar alimentos transgénicos.
Nos hemos atrevido a decir que son "Recursos Naturales" y que los humanos por el solo hecho de autonombrarnos “hommo sapiens”, nos damos el derecho a autodestruirnos.
En la inconsciencia, el sistema nos llamó "Recursos Humanos" y por lo tanto así nos utiliza.
Recuperemos el amor a la naturaleza, volvamos a ser naturaleza.
Que el Universo nos conceda una chispa de consciencia.
