miércoles, 6 de mayo de 2020

41- Me siento atacada por tus palabras

Ego vs Consciencia

Nos pusimos de acuerdo para tomar un tentempié, aclaro que lo hicimos en un café francés, donde el chef la saludó de beso en la mejillas, “baiser sur les joues”, como se diría en francés, nos sentamos y empezamos mirándonos con amor intenso, como cuando éramos unos adolescentes, unos bellos cachorritos que corríamos, saltábamos, reíamos y no teníamos idea por qué ni, para qué, pero era energía pura y desbordante.

Ella me cuenta de su viaje por África, de su estadía en el país donde nació la raza humana, acto seguido me muestra sus maravillosas fotografías, donde ella sobresale como diosa entre tribus y paisajes milenarios, yo la observo y la vuelvo a observar, la escaneo detalladamente, mientras tanto aparece, obvio que sin invitación, mi pasado sentado a mi lado queriendo pedir un café, con uno de estos panecillos franceses, porque el pasado no existe como todos creemos, el pasado siempre está presente para cuando lo quieras utilizar.

En este momento el pasado me pasa el brazo por el hombro y la miramos en silencio, con atención lejana, como perrito velando por un bocado, ella es una mujer muy atractiva, hermosa.

Yo que suelo distraerme con facilidad, o debería decir que rara vez pongo atención, comienzo un diálogo con mi pasado y empiezo a dibujar mi opinión de este presente con ella, ella me recomienda un pastel francés y yo asiento imaginándolo deliciosamente, mientras tanto el pasado me dice que mejor sería un tamal con chocolate y queso, pues ya se asoma el hambre, en ese mismo instante aparece la mesera trayéndonos el café y el pastel, y el pasado algo indignado me da su opinión, pues el tamaño del pastel es ni más ni menos muy similar a una degustación de supermercado, de seguro me lo comería de un solo tajo, dice, ¿pero quedaría mal visto?, me río de mis íntimas ocurrencias con mi pasado, hasta me llego a preguntar, ¿Qué hago allí?

Bueno, ya de regreso de mi viaje imaginario en compañía de mi pasado y le digo a ella que el café y el pastel están suculentos, y en verdad estaban muy en su punto,  esperando que no se haya dado cuenta que no he estado presente por los últimos 10 a 15 minutos, en mi elucubración aparecieron opiniones en las que se cree que ella puede estar hecha del mismo elemento que la realeza o de algún elemento con forma de un contenido seudológico fantástico.

Atrevidamente, pero con una supuesta autorización dada por nuestra persistente amistad, y como bestia acechando a su presa, le lanzo un sartal de opiniones que nada que ver con la historia africana, pero sí, acumuladas y almacenadas en vivos encuentros. 

Acto seguido, ella con ese rostro de eterna juventud, me mira y me dice; “siempre que me hablas me siento atacada por tus palabras”, y yo quedo como cuando uno cree que ya enganchó con el tema de la película, pero en ese preciso momento sale un letrero en la pantalla que dice, “Fin”.

Mi pasado me quita el brazo del hombro, como diciendo eso no es conmigo, se toma el último sorbo de café y desaparece, pedimos la cuenta y la llevo a su apartamento localizado en "Sur les hauteurs d'Orli". 

Ya de regreso a mi apartamento me digo, ¿Qué pasó?, y mientras tanto no dejo de reírme de lo bonita e inesperada que es la vida, inesperada por no saberla abrazar. 

Que gran regalo me acaba de dar la vida, recibo con alegría el testimonio de mi amiga y de inmediato me invito a la reflexión. 

En mi soliloquio canalizo un pensamiento; que las ideas no tienen dueños, son entes transformadores, una idea no tiene el poder de atacar a nadie en sí misma, la idea es huérfana de ego.

Las opiniones por el contrario si tienen un dueño implícito, y ese dueño se cree dueño en sí, aunque se le haya implantado la tal opinión en una propaganda o noticiero de televisión.  

Acabo de ver y sentir que mi estimada amiga se sintió atacada con toda razón por mi opinión, porque se la entregué como verdad absoluta, y en ese estado, nunca vi a mi amiga, solo vi mi opinión, solo se la entregué como si fuera una carta certificada, un mensajero sin mensaje. 

Doy gracias porque mi alma se regocija de que el personaje que entregó esa opinión ya se transformó, y ya no se irá de viaje mientras tiene la oportunidad divina de compartir con otro ser.

No soy dueño de ninguna opinión, ni de absolutamente nada.

Procuraré compartir  ideas para ser transformadas para bien de todos, toditos.

Nunca más distraído.

Gracias a los que escuchan, abrazos.

 

 


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