He arropado la idea de no guardar nada (apegos), en especial y específicamente cosas materiales, lo que habitaba en cajones desde hace unos ratos largos, lo he ido regalando, donando, etc.
Si no le doy poder a las cosas para que a su vez no me manipulen, si no le doy poder a todo lo que me rodea, a lo que existe y a lo que no, entonces posiblemente estoy en gracia.
Es una gran oportunidad para hacer un giro y dejarme abrazar de la vida y vivir en liviandad.
Todo lo que es y no es, tiene una existencia efímera, humana, transitoria, como cualquier Bosôn de Higgs.
Posiblemente estoy viviendo un estado de excitación de vida sin saberlo, y aunque no necesito para comprobar este estado, un “hadron collider” moviéndose en zeptosegundianos, ya siento como fluye mi vida a través de la vida misma.
Guardar apegos con todos sus sinónimos, es una acción muy pesada, cargas que ignorantemente aceptas, que impone un sistema que nos destruye (sistema: somos nosotros mismos), “todos y todo estamos en estado egoico”, en este sin sentido terrícola, es la ola que viene, llega y se transforma sin importar lo que el sistema dicte.
¿Entonces?

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