La siguiente historia no es
ficción y es prueba que el Ego existe; y existe simplemente porque lo he creado
yo y auspiciado por este sistema, quiere decir que el Ego es real
mientras siga viendo nubes con forma de elefantes, y para colmo nos ayuda interesadamente un sistema de creencias, que también es una
invención, actuando como un vendedor que
requiere la venta para poder cumplir la meta impuesta, aunque no sepa para qué.
En mi vecindario se vive un
ambiente muy agradable, especialmente por la cantidad de parques y naturaleza
que lo alimentan.
Todos los días y en especial en
las mañanas muchos vecinos y de seguro también visitantes, salen a realizar
actividades físico espirituales, unos caminan, otros pasean sus mascotas con la excusa orgullosa de mencionar las
habilidades y personalidad de sus perros y así establecer conversaciones que se repiten a diario, mientras tanto sus
amos les van hablando a sus mascotas como esperando su participación en la
conversación, diciendo frases como, ¿cierto que si ”Tobi”?, pero los perritos solo quieren olerse
la cola entre sí o salir corriendo detrás de una pelota.
Hay múltiple variedad de visitantes,
algunos se sientan cerca al árbol con mejor sombra, puede ser a leer, descansar,
o simplemente a nutrirse del movimiento, a su vez están los que practican un
deporte como el tenis de campo, trotar, basquetbol, futbol o muchas otras
actividades.
Ernesto, es un buen conversador,
saluda a todo el que pasa, él tiene en la esquina su venta de jugo de naranja
recién exprimido a muy buen precio, el olor a naranja nos invita, además las personas mientras se toman
el jugo, hablan con él del estado del tiempo o de como todo se ha encarecido, al
mismo tiempo la mascota bebe agua de un bebedero dispuesto por Ernesto para
este propósito.
Por allá, se oye el que dirige
un grupo de aeróbicos al ritmo del reguetón de moda, es realmente muy colorido
y ameno.
Así fue como en medio de este
paisaje que conocí a Dionicio, hoy es mi proveedor de limones, lo oigo gritar desde
mi apartamento, ¡limonessss!, ¡limonessss!, ¡limonessss!.
Él tiene una particularidad, le
falta una pierna y aunque en nuestras tertulias de parque, mencionó que en el
vecindario recaudaron fondos y le obsequiaron una prótesis, él prefiere hacer
su recorrido utilizando muletas.
Todos los días llega al barrio
con 50 kilos de limones al hombro, independiente del estado meteorológico, él
sagradamente hace su recorrido.
La primera vez que le compré el
ataito de limones, le pregunté el precio y me dijo, son $2.500, pero como
acostumbro a actuar en casos similares, le respondí con alegría, ¿y no me los
dejarías en $3.000?
Hace ya rato tengo esta
costumbre y la persona a quien le respondo de esta forma, siempre se sorprende
y demora un ratico en reaccionar, por último sus ojos y facciones demuestran
agradecimiento.
Un día Dionicio me preguntó que
si no tenía unos zapaticos que le pudiera regalar, aquí es cuando realmente
nace este relato; de repente apareció de la nada el señor “Ego” haciendo
preguntas y armando conjeturas nada racionales, nada de extrañar del señor Ego.
El Ego me dice, ¿Cómo para que zapatos
si solo tiene una sola pierna?
No hubo necesidad de materializar
la respuesta y Dionicio leyendo ese estado Egoico, respondió, tan pronto como
utilice la prótesis.
El Ego siempre está atento para
crear controversia y caos, acto seguido le respondí , ¡claro que si mi estimado
Dionicio!, vamos por ellos a mi apartamento, emprendimos el camino y mientras
tanto el Ego continuaba hablando y preguntando, ¿y cuáles zapatos son los que
vas a regalar?, le respondí con absoluta certeza, los Adidas azules especiales
para trotar, el “Ego” como de costumbre, impetuoso y arrogante, dictando su
exigencia, como cuando la pareja te pide que le envíes un par de besitos por teléfono,
en el mismo instante que estas en medio de una reunión de gerencia, ¿esos no
son los tenis que te costaron un dineral?, ¡pero si están nuevos!, el ego
siguió en su absurda idea hasta que no lo oí mas.
Llegué al apartamento y subí las
escaleras corriendo y con amable decisión tomé los tenis Adidas (no es
publicidad, es parte del simbolismo), mientas tanto el Ego había quedado rezagado
en el primer piso, ya de regreso y en el momento que le estoy entregando a
Dionicio los tenis, el ego se cuela y
hace que cierre firmemente la mano y por instantes me niegue a entregarlos,
como queriendo decir, es tu última oportunidad, pero como estoy en la firme y consciente tarea de domesticar al Ego para que
solo sea un elemento a mi entero servicio.
En fracción de milésimas de
tiempo, Dionicio ya había guardado el par de tenis en su mochila y me estaba
ofreciendo las gracias estrechándome la mano.
Pasados 3 días nos encontramos
de nuevo con Dionisio y llevaba el tenis puesto en su pie, amablemente me describió lo cómodo
que era y mientras tanto, me hacía entrega de los limones de $3.000.
Acto seguido le ofrecí unas
botas de cuero marca “Diesel” (no es publicidad, es puro simbolismo hilarante)
y mientras tanto el Ego se mantenía postrado a mis pies, mirándome como perrito
que acaba de aprender a dar la patita, esperando un cariñito del amo.
Hoy obsequié comodidad a
Dionicio, pero para los Egos, representa únicamente un valor material, el de
ostentar un imaginario.
En cambio, Dionicio y yo reunidos
por la vida en un instante en que ambos experimentamos un mutuo estadio de
vacuidad.
Ya caminando de regreso a mi
apartamento voy agradeciendo a la vida su sabia y amorosa compañía, que siembre
me invita a la reflexión consciente.
Si todo es producto de nuestra
creación, ¿por qué no lo creamos para beneficio de todos, toditos?
Gracias,