Le nació una florecita a la planta que me acompaña en mi apartamento, esta plantica llegó en un sobre con semillas, un día que estaba caminando por un centro comercial y a cambio de un donativo, me las ofrecieron prometiendo que de ellas brotaría un Bonsái, la bolsita la guardé en un cajón del mueble de la cocina y allí estuvo por un buen tiempo, y aunque este cajón lo utilizo con frecuencia, esta bolsita se había hecho invisible, hasta que un día se materializó y la toe entre mis manos, con ella venía un pequeño manual de instrucciones, debo confesar que no soy un ser que usualmente le sea fácil seguir instrucciones, sobre todo cuando las mismas demuestran no tener un sentido natural.
Llegó el día que se reunieron los astros con la franca decisión de sembrar estas semillas, ya tengo la matera y la tierra bien preparada.
Al abrir la bolsita me doy cuenta que vienen dos tipos diferentes de semillas, sin embargo las siembro de todas formas sin ningún orden en particular.
Ya ha pasado el tiempo que corresponde y ya las planticas se asoman con tallos y hojitas.
En esa época de hermosos días y crecimiento de la plantica, visitaba a mi mamá todos los días y compartíamos nuestras sublimes diferencias, hasta que ellas se transformaron en buenas amigas.
Con mi mamá teníamos, la agradable costumbre de jugar Parqués y nos reíamos muchos viendo como este juego representaba de alguna forma la vida de los terrícolas Humanos, también practicamos una buena meditación haciendo figuras de Origami, las cuales eran cada vez más perfectas.
Gracias mami por la herencia de poder.
Ya pasaron unos días, me levanto a las 6:00 de la mañana y hago el recorrido habitual por mi apartamento, quedo en estado de éxtasis, ya se ven tres tallos con hojas y hermosas flores amarillas.
Casi de inmediato aparecen nuevas planticas, lucen inicialmente como simple pasto o simple hierba que vemos en cualquier parque, son diferentes a las otras, estas son de un color verde bosque, todos los días observaba meditativamente cómo crecían a una gran velocidad (con su afán), con entusiasmo juvenil.
Eran dos tipos de plantas diferentes, una de ellas sobrepasaba de tamaño a la otra, ellas convivían en armonía, pero solo fue un día que llegué al apartamento a eso de las 7:00 p.m. y vi a una de las plantas convertida en un chamizo, ¿Qué pasó con las hojas?, me acerqué y pude apreciar que lo ocurrido era que las hojas se habían cerrado, deduje de inmediato que esta planta era familiar de las que llamamos “Adormideras, Dormilona, Mimosa Púdica”, con las que en mi infancia disfrutaba jugando, a la mañana siguiente me desperté ansioso y pude contemplar como sus hojas estaban muy abiertas, cual turista felizmente bronceándose en la playa.
Ya pasó más de una año que las sembré y hoy miden por lo menos dos metros, y continúa su transformación, hoy 8 de junio, en la copa de la planta, se asomó una nueva y bella flor, nunca había visto algo parecido y me llene de gozo.
Gracias mami.
Gracias vida por permitirme sembrar...
A esta planta la bauticé “Impermanencia”.
Ni venimos, ni vamos, solo trascendemos en lo efímero.
Ya el niño de tres años con cabello ensortijado no existe, el que trascendió ya no tiene cabello, no soy ni uno ni otro, pero el uno no es sin el otro.
Gracias Vida.
¿Y el Bonsái prometido?




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